EVA GRAUBIN, violinista
"Soy una persona que trabaja con el individuo, yo creo que la metodología siempre tiene que ver con la persona", puntualiza lad estacada violinista Eva Graubin, quien llegó hasta la Universidad Mayor para dictar varias clases magistrales a los alumnos del Consevatorio de Música.
Nació en el seno de una familia letona con más de 20 años de trayectoria musical, entonces la práctica del violín fue algo natural para ella y lo aprendió de la mano de su padre compositor:"venir de una familia donde mis bisabuelos eran grandes músicos al igual que mis abuelos y padres, fue un gran desafío, ya que por muchos años de práctica, me sentí inferior a ellos", asegura. Sin embargo, Eva se convirtió al poco andar en una reconocida concertista, que impactó con su talento a muchas audiencias alrededor del mundo.
Hace 40 años su vocación musical derivó a la docencia, actividad que realiza actualmente con verdadera pasión en la Escuela Superior de Música de Catalunya en Barcelona y en otros lugares como invitada especial : "hay algo en la enseñanza que es natural, que sucede a través de la intuición y la observación", puntualiza.
Como toda profesora de música clásica, Eva trabaja con un alumno a la vez, lo que para ella siempre es una experiencia maravillosa : "es muy difícil definir para mí si me gusta más ser concertista o docente.Siento que hay un momento en la vida en el que te das cuenta para qué naciste, por qué has estudiado, para qué sirves y dónde mejor sirves. Yo sirvo para enseñar, soy muy feliz enseñando, el mejor tiempo es el que paso con mis alumnos. Ese crecimiento conjunto es un verdadero privilegio", explica.
La Maestra asegura que la docencia le entrega gratificaciones en forma continua :"observar el desarrollo de una persona es algo mágico. El día menos esperado tus deseos y el de tu alumno se cumplen. La formación musical es ung ran sueño compuesto siempre por pequeños sueños", afirma.
Durante sus cuatro décadas como docente, ha instruido a cientos de alumnos que se han destacado a nivel internacional : "muchos de ellos han tocado obras más difíciles de las que yo interpreté nunca", afirma orgullosa. Eso la llena de satisfacción, porque siente que es parte de esos progresos que a veces demoran, pero finalmente llegan : "he participado activamente de la creación de la Escuela de Catalunya, pero nunca he pretendido formar grandes estrellas. Yo quiero conseguir que mis alumnos sean buenos profesionales, que sean músicos serios, que amen el violín y la música y lo más importante, que sean generosos através de la enseñanza", agrega.
En su dilatada trayectoria, Eva ha trabajado como docente en Letonia, Inglaterra, España y Chile : "existen diferencias entre los alumnos de estos países. Los catalanes por ejemplo,son personas muy serias para trabajar, consiguen muy buenos resultados pero nos onapasionados. Los letones en cambio, somos apasionados, entendemos el proceso musical con fluidez y somos bastante rápidos para aprender. Los chilenos, también comprenden rápido, tienen una intuición musical muy viva porque estánávidos de aprender. Para mí es muy agradable trabajar con alumnos chilenos, porque siempre responden a las enseñanzas de una manera muy bonita", asegura.
Eva espera en cada una de sus clases transmitir generosidad y alcanzar compenetración con sus estudiantes, donde cada uno aporte su energía, seriedad y amor por la música : "hay alumnos que a veces no están dispuestos a dar nada, entonces la clase se vuelve un acto de vampirismo, donde termino sin vitalidad. El ideal de situación escuando el alumno llega un poco distraído o cansado, pero cuando comienza la clase producimos juntos una nueva energía que nos deja aún más vitales a ambos", puntualiza.
Por problemas de salud, Eva Graubin ya no puede tocar el violín :"toda mi vida la dediqué a los conciertos, ahora es tiempo de dar paso a las nuevas generaciones", señala.
En su tiempo libre lee a sus autores favoritos Hermann Hesse y Sándor Marai y disfruta del gran premio de motociclismo que se transmite todos lo fines de semana en Catalunya: "los mejores motociclistas son de Barcelona", afirma entre risas. Una muestra más de la versatilidad deesta artista.
ARA MALIKIAN, violinista
Recientemente decía Michael Meert, director del documental ‘Ketama y su herencia flamenca’, que por su estructuración, el flamenco es como la música clásica...
"Creo más bien que la música clásica no hay que tomarla como algo bien estructurado. Yo realmente aprendí a tocar música clásica después de haber tocado flamenco, tango o jazz. Tampoco hay que tomarse tan en serio la música clásica. Los compositores de clásica eran genios locos y hoy día tampoco debe ser una cosa de señores serios, no es así. Tenemos, en general, una opinión muy equivocada de la música clásica, como algo para mayores o para señores inteligentes. La música clásica debe ser para todo el mundo, como es el flamenco o cualquier otro tipo de música. Decir que el flamenco es como la música clásica... no. Yo creo que es al revés, que la clásica debería ser más como el flamenco."
¿Es una liberación para músicos de clásica tocar flamenco?
"Absolutamente. Yo aprendí clásica en las academias, pero no aprendí el doble hasta que no empecé a tocar otro tipo de músicas, viendo la libertad que tienes cuando estás improvisando. Los músicos clásicos tienen que aprender mucho de otro tipo de músicas."
¿Te costó hacerte con el lenguaje y las coordenadas del flamenco?
"No, yo todavía no pretendo ser un músico flamenco, lo hago todo con intuición, lo que me sale. Sé que a veces no es correcto. Los flamencos son muy conservadores. Tal vez estoy haciendo una burrada pero si suena bien y uno puede emocionarse, todo vale. No me gustan las restricciones y las reglas, hay que ser más intuitivo. Si funciona, bien; y si no, tampoco es un crimen."
Ahora hay algún violinista más en espectáculos de flamenco. ¿Cómo ves que encaja el violín en esta música?
"Veo que es un instrumento casi indispensable para el flamenco. Cuando llegué hace seis años casi no había violinistas. Ahora hay más chicos jóvenes que se meten y lo hacen muy bien, algunos son alumnos míos. Siempre intento decirles que no intenten imitar con el violín la guitarra o la voz. Está bien, pero es muy limitado. Hay que dar algo nuevo con el violín al flamenco. El violín es un instrumento con suficiente personalidad para dar lo suyo al flamenco. "